Chakras,
Renacimiento y espiritualidad
por Anabel
Garritano
La espiritualidad es el despertar de la
divinidad en la conciencia. Es el summun bonum de la conciencia en la
encarnación humana, que libera a la conciencia de la trampa de la mente
y el cuerpo. Esta libertad se obtiene mediante un proceso gradual de
transformación de la conciencia de los sentidos (mente).
Es la
conciencia sensoria la que percibe el mundo, y la que produce
constantemente pensamientos incontrolados. Ella desea, siente placer y
dolor, piensa y quiere; y a veces, en su aspecto de búsqueda del placer,
comete excesos.
Se puede ser un gran pensador,
científico, artista o educador sin la transformación de la conciencia
sensoria. Pero al experimentar sólo un aspecto del ser —que está
representado por la «yoidad», rodeada por el mundo sensorio— uno se
compromete en la gratificación de los sentidos, moviéndose sin objetivo
por placer y codicia en el océano del samsara. Con la transformación de
la conciencia sensoria uno puede liberarse de la esclavitud dela mente,
la lascivia, la codicia, los pensamientos incontrolados y el diálogo
interior. Mediante la transformación de la conciencia sensoria podemos
experimentar el otro aspecto del ser, en el que lamente está totalmente
distanciada del mundo sensorio y no piensa, desea, ni quiere. En este
aspecto, la «yoidad» se fusiona con la conciencia suprema y nos permite
alejarnos del ciclo de nacimiento y muerte.
La conciencia del «yo» compromete a la
mente en pautas continuas de búsqueda del placer, y esas experiencias de
placer desarrollan en lamente un afecto por la conciencia sensoria.
Entonces, la mente deambula y pierde su foco central. Entonces, la
mente, que «no está centrada», queda atrapada por los objetos del mundo
sensorio, que es un juego de elementos y gunas. Una mente impura —o una
mente no centrada atrapada por los deseos— crea ataduras, y si no se
consigue la pureza de la mente mediante la práctica constante de la
concentración ayudada por un mantra, permanece la conciencia del «yo»,
incluso después de abandonar el cuerpo. Habita entonces en diferentes
planos (lokas). Estos planos o lokas están directamente conectados con
el cuerpo humano por medio de los chakras.
Los cinco primeros chakras están
conectados con los cinco elementos, y los lokas relacionados con estos
chakras están también conectados con esos elementos. Todas las
actividades mentales y fisiológicas, todas las necesidades y deseos,
conectan con estos cinco elementos. Como éstos crecen y reinan en una
sucesión fija durante la fluencia respiratoria por cada ventana de la
nariz, la conciencia sensoria sufre constantemente un cambio. Los
elementos —tierra, agua, fuego, aire y akasha— son agentes del principio
de la inercia primordial de la conciencia. Pertenecen al campo material,
que crea la metamateria y la materia, y constituyen un continuo de
energía desde su nivel vibratorio más sutil hasta el más denso.
No es el planeta Tierra lo que se
llama elemento tierra, sino el elemento tierra el que domina en el
planeta Tierra; este planeta Tierra se denomina bhuloka. Su sede es el
chakra muldhara. Los huesos, carne, piel, nadis y cabellos del cuerpo se
componen del elemento tierra. La paciencia y la codicia son su atributo,
la supervivencia su deseo, reunir y ahorrar la actividad que se produce
cuando domina este elemento, y su naturaleza es estable. En cada ciclo
respiratorio de sesenta minutos (cuando la respiración se produce por la
ventana de la nariz derecha o izquierda) este elemento domina durante
veinte minutos, y se pasa por los deseos y actividades, la naturaleza y
los atributos conectados con el elemento tierra. Si el deseo de la
supervivencia no se cumple, se habita en bhuloka tras la muerte y se
vuelve a nacer una y otra vez, como un ser humano normal.
El semen, la sangre, la grasa, la orina y la mucosidad (saliva
y fluidos linfáticos) del cuerpo pertenecen al elemento agua. La pureza
y la unión son sus atributos, el conocer personas (familias) su deseo,
los trabajos pacíficos son la actividad de este elemento, y es de
naturaleza fría; en cada ciclo respiratorio de sesenta minutos este
elemento domina durante dieciséis. Si los deseos del segundo chakra no
quedan satisfechos se habita en bhuvar loka (plano astral) tras la
muerte. Cuando el período de habitar en bhuvar loka toca a su fin, la
persona vuelve a nacer en la Tierra para cumplir el deseo; como, por
ejemplo, el de ser artista, músico, bailarín o poeta.
El
hambre, la sed, el sueño, la letargia y el lustre (ojas, radiación)
están relacionados con el elemento fuego. La cólera es su atributo. Por
naturaleza, el que está dominado por el fuego tiene la cabeza caliente y
está controlado por el deseo de logro. El trabajo duro es la actividad
de este elemento. En cada ciclo respiratorio de sesenta minutos este
elemento domina durante doce. Si los deseos de logro —nombre, fama,
inmortalidad, poder, etc., relacionados con el tercer chakra— no han
sido satisfechos a la muerte, se habita en el svarga loka (plano
celestial) en virtud de los buenos karmas (obras) hechos en la Tierra.
Cuando termina el período de habitar en svarga loka, se vuelve a nacer
en la Tierra, como rey o administrador de algún tipo.
La carrera, la caza, la utilización de
la fuerza, la contracción y el crecimiento del cuerpo (expansión) se
relacionan con el elemento aire. Este crea inquietud y actividad,
movimiento y un deseo de hacer algo. El aire es el responsable de todo
tipo de movimiento dentro y fuera del cuerpo, ya sea la circulación de
la sangre, o los líquidos, la linfa, o bien las señales neuromotoras del
sistema nervioso. El aire es prana, energía en forma de fuerza vital, lo
que nos convierte en un ser vivo y consciente; en cada ciclo
respiratorio de sesenta minutos, el elemento aire domina ocho. Si los
deseos del cuarto chakra no se han satisfecho en la propia vida, tras la
muerte se habita en maha loka en virtud de los buenos karmas del amor,
el deseo de compartir, la devoción, el servicio desinteresado y la
compasión que hemos tenido en la Tierra. Después de maha loka (plano del
equilibrio) se vuelve a nacer en la Tierra como reformador, persona
santa, devoto, curandero o artista espiritual de algún tipo.
El amor, la enemistad, la timidez, el miedo y la unión se
relacionan con el elemento akasha. Sus atributos son el ego o la
«yoidad», su naturaleza es el vacío, su deseo la soledad, su actividad
los pensamientos y las ideas. En cada ciclo respiratorio de sesenta
minutos, este elemento domina durante cuatro. En sus diez últimas
respiraciones actúa sushumna, y entonces cambia la ventana de la nariz
por la que se está respirando. Si los deseos del quinto chakra no se
cumplen en esta vida, tras la muerte se habita en jana loka (plano
humano) durante un período de tiempo fijado por los buenos karmas hechos
durante la vida en la Tierra. Tras jana loka se vuelve a nacer en el
planeta Tierra como maestro, sabio o intérprete de las Sagradas
Escrituras.
Cuando mediante la práctica de
cualquier tipo de yoga se va más allá de los elementos, se llega a tapas
loka y se realiza tapas (austeridad), se purifica la mente y, mediante
la transformación de la conciencia sensoria, se experimenta el otro
aspecto del ser. Uno se vuelve no adquisitivo, limpio, contento y
observador neutral de la vida y su psicodrama. La piedad, la honestidad,
el perdón y la firmeza enriquecen la vida de esta persona, que
experimenta una fuerza interior esplendorosa y divina que elimina la
carga de la conciencia corporal. Consigue un control completo de su
respiración y su mente, pero, sin embargo, puede volver a nacer si la
tarea de autorrealización —que es la fusión de la «yoidad» con la
conciencia suprema— no se ha conseguido. Se nace entonces como asceta,
yogui, avatara, bodhisattva o profeta. Se ha ido más allá de los
elementos, pero todavía hay que ir más allá de los gunas, y esto sólo es
posible mediante la práctica de despertar a Kundalini.
Kundalini es la energía espiritual que
yace dormida en el chakra muladhara. El cuerpo puede funcionar con su
energía química, mecánica y eléctrica, y la mente como conciencia
sensoria, sin despertar la energía espiritual, pero las imágenes
objetivas siempre atarán a la conciencia, y la «yoidad» nos llevará de
nuevo al ciclo de la vida y la muerte. Todos los seres están sometidos a
la ley del karma. Los buenos karmas producen buenos lokas, y los malos
llevan a los submundos o narakas. Estos están conectados con los siete
chakras interiores a muladhara. Kundalini es la energía que apoya la
vida y la conciencia mientras está enroscada, pero cuando se despierta
produce una supraconciencia espiritualizada. La mente sensoria se
transforma en mente pura, absorbida por la corriente de la conciencia
que fluye en la forma de Kundalini Shakti. La mente va más allá de todos
los contrarios y realiza el ser puro, sin cambios, y la única verdad en
la forma del nirvikalpa samadhi.
Tras llegar al chakra
sahasrara y unirse con su contrapartida, SHIVA, Kundalini permanece
unido durante algún tiempo; después desciende al muladhara y se vuelve a
enroscar. Durante el proceso de descenso, se restauran los poderes de
los chakras y de las deidades que residen en ellos. Ahora se vive en un
estado de conciencia extensa. Se vive en el cuerpo y se agotan los
karmas, pero como una persona transformada; y se consigue el nirvana al
abandonar el cuerpo. El cuerpo así purificado por el yoga no entra en
decadencia ni se descompone fácilmente, lo mismo que el cuerpo de quien
está adherido al mundo material y a los deseos del placer mundano.
Los chakras desde el
punto de vista de la evolución
personal
El desarrollo de las capacidades y los
conceptos vinculados a cada uno delos chakras en el decurso de la vida
constituye la historia evolutiva que llamamos desarrollo individual.
Aunque cada chakra recibe información y la organiza en todo momento,
pueden señalarse en dicho desarrollo fases durante las cuales prestamos
atención preferente al aprendizaje de ciertos cometidos. La sucesión
cronológica de estas fases puede variar de un sujeto a otro, y ellas
mismas se superponen a menudo. En la evaluación de nuestros propios
chakras, no obstante, será útil que observemos cómo han cursado
dichas fases a lo largo de nuestra vida, qué dificultades o traumas se
han presentado y cómo pueden haber afectado tales circunstancias a los
chakras que estábamos desarrollando en cada momento.
Chakra primero: Desde el primer semestre de vida hasta los nueve
meses
El primer chakra se vincula con el desarrollo
prenatal y la primera infancia, durante cuyo período la conciencia del
niño se centra casi por entero en la supervivencia y el bienestar
físico. Es también la fase de más rápido crecimiento corporal. El
aspecto más importante de este desarrollo es que el niño aprende a
sentirse en seguridad, a confiar en el mundo, a recibir la provisión
adecuada de sus necesidades.
Chakra segundo: De los seis a los veinticuatro meses
La fase siguiente principia con el nacimiento, pero cobra
mayor protagonismo entre el primer año de vida y el segundo. En esta
fase experimentamos «la otredad», las sensaciones, las emociones. Es la
época en que el niño adquiere el control de la motricidad y explora el
mundo por medio de los sentidos. Más allá de la mera supervivencia, el
infante necesita sentirse amado, experimenta el placer de vivir y tiene
ante sí una gama de sensaciones agradables y estimulantes que explorar,
como los colores, los sonidos, las texturas y los sabores. Necesita el
contacto protector, pero no invasor, de los progenitores y demás adultos
que le cuidan.
Chakra tercero: De los dieciocho meses a los tres años
El chakra tercero interviene cuando el niño trata de afirmar
su autonomía y empieza a desarrollar su voluntad. El niño es egoísta por
naturaleza y desea establecer el sentido de su personalidad, su poder y
su capacidad para manifestarse. Como saben las madres, ésta es la fase
de los «niños terribles», durante la cual contestan «no» a todo. Lo que
importa en esta situación es permitir que desarrolle la sensación de
autonomía y que experimente con su propio poder; al mismo tiempo ha de
adquirir una sana conciencia de sus limitaciones, pero basada en el
respeto, no en el conflicto con el poder de los progenitores.
Chakra cuarto: De los tres a los seis años
El chakra
cuarto se desarrolla a medida que el niño empieza a encontrar su lugar
en relación con la familia y el mundo en general. Es la edad de la
imitación; el infante reacciona frente a la dinámica familiar y
desarrolla su propio estilo de las relaciones interpersonales. Las
amistades y los juegos con otros niños cobran mayor importancia, y sus
iguales empiezan a ejercer una sutil influencia sobre la conformación de
su personalidad.
Por lo que se refiere a la familia, en esta
fase es imprescindible la ayuda amorosa de los padres para hacer posible
que el niño desarrolle, poco a poco, su red de relaciones y se sienta
amado así como admitido en ese mundo más amplio. La disfuncionalidad de
la dinámica familiar tiene repercusiones particularmente graves en esa
época. Los niños necesitan modelos de rol sanos para aprender a expresar
la afectividad y el cariño.
Chakra quinto: De los seis a los diez años
La
identidad social desarrollada en el período anterior se afirma en esta
fase mediante la expresión creativa. A través de la comunicación el niño
somete a verificación su concepto del mundo. Es fundamental dejar que la
originalidad se exprese sin emitir juicios de valor, escuchar con
atención y comunicar con sinceridad.
Chakra sexto: De los siete a los doce años
Habiendo
aprendido por medio de la comunicación y a través de la exploración
propia, el infante empieza a configurar una imagen interna del mundo y
del lugar que él mismo ocupa dentro de éste. Está entrando en la esfera
de influencia del chakra sexto, que es el reino de la imaginación.
Empieza a distinguir pautas, desarrolla las facultades intuitivas y
extrasensoriales y percibe con mentalidad abierta lo que le va
sucediendo. En esta etapa es importante que los padres suministren
información y experiencias pero sin tratar de anular las percepciones
infantiles. Los juegos que activan la imaginación creadora (por ejemplo
pedirle al niño que proyecte imágenes de situaciones nuevas mediante
preguntas del tipo: «qué pasaría si...?» ayudan a desarrollar esta
facultad.
Chakra séptimo: De los doce años en adelante
Con el
chakra séptimo entramos en la búsqueda del conocimiento por medio del
aprendizaje, el entrenamiento, el raciocinio y el acopio de
informaciones. De esta manera quedamos dotados del conjunto de
instrumentos que vamos a precisar para asimilar todas las experiencias
anteriores y futuras. Puede ser también una época de exploraciones
espirituales, aunque esta inclinación suele variar de unas personas a
otras. Las condiciones ideales para fomentar este proceso serían: la
presencia de un ambiente intelectualmente estimulante en el hogar, que
se le induzca a cuestionarse los sistemas de creencias, que se le enseñe
a pensar por sí mismo, y que se le proporcione un entorno educativo
favorable.
Los daños sobrevenidos durante cualquiera de estas etapas
cruciales pueden perjudicar el chakra que está desarrollándose en cada
fase. Cuando explores los problemas y los desequilibrios de tu propio
sistema chákrico, una reflexión profunda sobre tus experiencias durante
esas etapas formativas te aportará conclusiones nuevas. Como padres,
importa que conozcamos las dificultades de nuestros chakras concretos,
para no caer en el error de traspasar a los hijos los conflictos propios
no resueltos.
Los siete
derechos básicos
También podríamos describir los
chakras diciendo que representan siete derechos fundamentales que nos
corresponden por nacimiento, derechos que, sin embargo, las
circunstancias de la vida infringen constantemente. Y si acabamos por
admitir estas infracciones, el chakra puede llegar a ser
sobrecompensante (excesivo) o cerrarse (deficiente).
Chakra primero: Derecho a tener
El derecho que
subyace al chakra primero es el de «estar aquí» o Dasein, como se diría
en términos filosóficos, lo cual se manifiesta en el derecho a recibir
lo necesario para la supervivencia. Cuando se nos niegan las necesidades
básicas de la supervivencia (alimento, vestido, vivienda, calor humano,
sanidad, un medio tolerable, un contacto físico) está amenazado nuestro
derecho a tener. Como consecuencia tenderemos a poner en tela de juicio
tal derecho en el decurso de nuestra vida y ello en relación con muchas
cuestiones, desde el dinero y las propiedades hasta el amor o el tiempo
que necesitamos para nosotros mismos.
Chakra segundo: Derecho a sentir
«¡Deja de llorar!
¡No tienes ningún motivo para lamentarte!» «No tienes razón para estar
enfadado» «¿Es que no sabes dominar tus emociones? ¡Deberías
avergonzarte de ti misma!» Semejante adoctrinamiento infringe nuestro
derecho a sentir. Una cultura que reprime la expresión de la emotividad,
o que considera débiles a los que demuestran sensibilidad, también
infringe ese derecho fundamental, uno de cuyos corolarios es el derecho
a desear. Pero si ni siquiera se nos permite sentir, difícilmente
averiguaremos qué es lo que deseamos.
Chakra tercero: Derecho a obrar
Lo restringe la
autoridad abusiva por parte de los padres y autoridades de la cultura en
que vivimos. Se encarcela a los insumisos. Se detiene también y muchas
veces se maltrata a manifestantes pacíficos que no hacen otra cosa sino
obrar de acuerdo con sus opiniones tocantes a asuntos que afectan al
derecho de supervivencia. Se nos enseña a obedecer y someternos; la
experiencia de tal ambiente nos comunica que más nos vale que nuestras
acciones sean conformes. El temor a los castigos y el hábito adquirido
de la obediencia ciega, inculcados por la autoridad paterna o por las
instancias culturales, obstaculizan seriamente nuestra capacidad
personal, el uso consciente de nuestro derecho a obrar.
Chakra cuarto: Derecho a amar y ser amado
En la
familia, este derecho puede verse menoscabado, cuando los padres no
quieren, ni atienden al hijo de una manera constante e incondicional. El
amor bajo condiciones atenta contra la autoestima del niño. En cuanto al
condicionamiento cultural, la restricción del chakra cordial se halla en
las actitudes censoras ante los hombres que aman a otros hombres y las
mujeres que aman a otras mujeres, los amores interraciales o las
relaciones simultáneas con más de una persona. El derecho a amar queda
perjudicado en los conflictos raciales, en la opresión de una cultura
sobre otra, en las guerras y en todo lo que origina enemistades entre
distintos grupos. Cuando nos sentimos ofendidos o rechazados, con
frecuencia cuestionamos o restringimos nuestro derecho a amar; en
consecuencia «echamos siete llaves» al corazón.
Chakra quinto: Derecho a decir y a escuchar la verdad
La primera dificultad ocurre cuando no se nos permite hablar
delante de nuestra familia: «Estas cosas no se dicen», «los niños no
hablan en presencia de los mayores». Y también cuando nadie escucha lo
que decimos, o cuando no se nos habla con sinceridad. Se nos niega la
expresión, se nos enseña a guardar secretos, o incluso, a defender los
mitos de la familia (por ejemplo que el abuelo Juan no era en realidad
un bribón, sino sólo un tipo bohemio y algo artista), y así se cierra el
quinto chakra. Cuando se nos critica por intentar hablar, o se traiciona
nuestra confianza revelando asuntos privados nuestros, gradualmente
vamos perdiendo el contacto con nuestro derecho a hablar.
Chakra sexto: Derecho a ver
Se transgrede este
derecho cuando quieren convencernos de que no es verdad lo que hemos
visto, se nos ocultan deliberadamente o se nos niegan las cosas (por
ejemplo que nuestro padre es un alcohólico), o se pone en tela de juicio
el alcance ola amplitud de nuestra visión. Cuando lo que vemos a nuestro
alrededor es feo, desagradable o contradictorio con otras cosas también
vistas, la visión física puede resultar perjudicada por la clausura del
tercer ojo. Reivindiquemos el derecho a ver, porque ello nos ayudará a
recuperar asimismo nuestras facultades intuitivas y
extrasensoriales.
Chakra séptimo: Derecho a saber
Comprende el derecho
a la información, a la verdad, a recibir educación y conocimientos. Pero
también son igualmente importantes nuestros derechos espirituales, en
particular el de relacionarnos con la Divinidad como quiera que
nosotros, en tanto que individuos, la percibamos. Imponer un dogma
espiritual a otra persona, como hicieron los cristianos durante la
persecución medieval contra la Brujería o sigue haciéndose contra las
culturas tribales que subsisten en algunos continentes, es una
infracción de los derechos personales significados por el séptimo
chakra.
CONCLUSIÓN
Ninguno de los chakras funciona por sí solo. Cualquier
desequilibrio en un chakra determinado repercutirá sobre los demás, o
puede ser causado por otro diferente.
Es necesario que
todos los chakras estén abiertos y en equilibrio con los demás para que
funcionen bien y alcancemos la plenitud como seres vivos. Para una
persona tal vez será importante el dirigir su atención hacia un chakra
determinado si entiende que éste se halla subdesarrollado y que eso le
perjudica, pero el objetivo ha de ser siempre la recuperación del
equilibrio general del sistema.
Desearemos que el chakra base
sirva de sustento firme y potente a nuestro progreso espiritual.
Deseamos apoyarnos en un fundamento, disfrutar la sexualidad y afirmar
nuestra personalidad en un centro de poder fuerte. Queremos vivir en un
organismo sano, lleno de sensibilidad y de vitalidad.
En
los chakras superiores necesitaremos libertad y flexibilidad,
creatividad y desarrollo. Aspiramos a tener nuevas ideas, nuevas
informaciones y tiempo para desarrollarlas y reflexionar sobre ellas.
Anhelamos la inspiración, gracias a la cual vale la pena mantener en
marcha las rutinas de la supervivencia.
En el chakra del
corazón, nuestro punto central, deseamos percibir una sensación de
equilibrio y de paz: equilibrio entre los chakras superiores y los
inferiores, entre lo interno y lo externo, entre dar y recibir, entre la
mente y el cuerpo. También procuramos entrar en equilibrio con los
demás, tanto en la intimidad como en el entorno social más amplio.
Si
somos fuertes en los chakras superiores y débiles en los inferiores, la
energía se acumulará en las regiones altas; Es decir, que se absorbe en
éstas mucha energía y sólo lentamente se transmuta hacia abajo.
Posiblemente racionalizaremos las cosas antes de sentirlas, o
fantasearemos largo tiempo antes de tomar ninguna decisión sobre un
asunto.
Lo contrario sucede en los sistemas de acumulación
inferior; es lo que ocurre con las personas que quieren tenerlo todo
bien «amarrado» antes de lanzarse a explorar nuevos territorios. . Estas
personas pierden mucho tiempo tratando de dilucidar sus sentimientos
antes de decidirse a pensar; prefieren seguir los caminos trillados y
tienen poca afición a explorar cosas nuevas.
Muchas veces,
aunque no siempre, la constitución física indica la naturaleza del
sistema interior de energía. Las personas de acumulación baja suelen
acumular peso también físicamente en las regiones inferiores, o
presentan obesidad en general, mientras que los tipos de acumulación
alta tienden a estar flacos, como reflejando su alejamiento de lo físico
y material.
Existe también un tipo de disociación
cuerpo/mente que produce la sensación de hallarse abiertos ambos
extremos pero con un bloqueo o cierre en el centro. En estos casos el
fundamento es bueno, en el sentido de salud corporal o capacidad para
desempeñar una profesión, y también hay mucha imaginación, creatividad o
potencia intelectual; lo que está bloqueado, en cambio, es la iniciativa
o la capacidad para asumir los actos propios, o bien se registra
inhibición en las relaciones con otras personas. Las personas de este
tipo suelen llevar vidas contradictorias, tienen conciencia de su propia
valía pero no se realizan y en casos extremos se llega a la fractura de
la personalidad. En estas situaciones el remedio estriba en restablecer
la conexión de la mente con el cuerpo y abordar las cuestiones que han
quedado pendientes a causa de los chakras bloqueados.
Los
tipos tranquilos estudian yoga, en cambio los hiperactivos practican las
artes marciales. Cuando trabajamos en el desarrollo de los chakras
importa desarrollar los puntos débiles.